domingo. 27.11.2022

La danza de DT’s que se nombraron probablemente no haya sido tal. Dos o tres nombres de técnicos que no tuvieran nada que perder, retirados o trabajando en lugares tan incógnitos como el último Pedro Troglio en Honduras. La debacle de San Lorenzo hace que los jugadores se vayan libres por falta de pago y no se presenten a entrenar el primer día, entre otras cosas. Con un Presidente elegido en 2019 que renunció por las redes sociales. Soso, Dabove, Monárriz, Troglio, estrategas que habrán tenido sus limitaciones pero lo que queda fuera de toda duda es la espiral descendente en calidad de plantel y campañas.

Y bien, ningún técnico parece querer venir a San Lorenzo. Y se cierra con el Gallego. Con Rubén Darío Insúa. Tuvimos que recurrir a Wikipedia para saber que el último equipo al que dirigió fue el Binacional de Perú en 2021. Tres partidos, un empate, dos derrotas y afuera. Parece que los peruanos son más impacientes que los cuervos. Hace veinte años que es DT, experiencia dilatada sobre todo en equipos del norte de América del Sur. Ecuador, Perú, Bolivia. Subcampeón de América con Barcelona de Ecuador. Y campeón con San Lorenzo en la Sudamericana 2002. Ahora cosecha tanto el afecto de los cuervos en las redes sociales como la incertidumbre de no saber dónde estaba el hombre melenudo de jeans gastados y camisa marrón, corbata al tono junto a la línea de cal.

El cariño se remonta al instante fundacional del amor de todos los cuervos, el baño del Gallego en las aguas del Jordán de los corazones azulgranas: el penal convertido contra El Porvenir ante una multitud que reventaba la cancha de Vélez regada de papelitos para sellar la vuelta a Primera División en 1982. 
Yo tenía apenas tres años y del Gallego en cancha me quedó su versión con la camiseta de Independiente. El Rojo tenía un equipazo mientras San Lorenzo penaba por mitad de tabla, pongámosle. Recuerdo una visita a Avellaneda en que nos comimos diez en Reserva y cuatro en Primera en el 89/90. A San Lorenzo se le había dado por incorporar una tanda de jugadores paraguayos en esa época, a los que aniquilaron en el Preliminar. Habían desarmado el equipazo de los Camboyanos e incorporado a los guaraníes que eran todos horribles como los colombianos que trajimos en tanda décadas después. En el Rojo en cambio jugaban Marangoni, Bochini, Alfaro Moreno y Rubén Darío Insúa. Jugador exquisito, abrió el marcador con un sablazo al primer palo de Docabo. 
Después ya era más grande yo y lo vi asumir en San Lorenzo como DT en 2002, heredando el equipazo del Ingeniero Pellegrini que había ganado el campeonato, la Mercosur y logrado el récord de 13 triunfos consecutivos. Había que heredar al Ingeniero, que había dejado la vara altísima. Yo no tenía cariño por Rubén Darío porque nunca lo había visto vestir la azulgrana en el campo de juego, y no le tuve tampoco mucha estima cuando recaló en el banco, porque básicamente el equipo recuerdo que no jugaba bien. Le costó arrancar, hubo algunos cambios de jugadores, plantel en transición. Recuerdo con un amigo cuervo putearlo porque puso un doble cinco de local contra Gimnasia y Tiro de Salta. En esas épocas, no estaba consolidado el doble volante central como ahora, que jugás de local contra Deportivo Villa Piolín y plantás el doble cinco. 
Fue bastante resistido el Gallego como les cuento, y eso que en esas épocas no había redes sociales. No faltaron los que empezaron a cantar “Andate Insúa la puta que te parió”, y un poco coreé ese estribillo porque, como les conté, el equipo al principio fue un dolor de ojos. Y el tipo ahí, tras la línea de cal, tranquilidad absoluta, un témpano parecía, las puteadas le pasaban por al lado, centrado en lo suyo. Fue más tarde en que el equipo agarró ritmo hacia el spint que le permitió ganar la Sudamericana con una goleada inolvidable y el Pipi barrilete cósmico en Medellín. Campeón del segundo título internacional del club. Alza la Copa el Gallego Insúa con su camisa marrón. Luego, receso y mercado de pases. No preciso refuerzos, dijo. De número diez, estaban Romagnoli, Montillo y asomaba el pibe Luna, que luego no se consolidó.

¿Saben lo que es un DT que diga eso? Desde el año 87 que veo fútbol, más de 35 años y jamás volví a ver un DT que dijera eso. Los paquetes que nos hubiéramos ahorrado, madre de Dios. Y le fue mal con aquélla decisión de no incorporar jugadores, porque otra vez el equipo no arrancaba, jugaba con el freno de mano puesto parecía. Luego, encadenó algunos triunfos pero llegó mal a la final de la Interamericana con Olimpia, que perdió inobjetablemente superado por los de Cubilla. Ahí, un Insúa dolorido recuerdo que dijo al irse: “Cuando quieran ganar un título internacional o promover pibes, llamenme”. 
Y hoy 17 de mayo del 2022, casi veinte años después, lo volvieron a llamar. No para pedirle un título internacional, que ni siquiera jugamos Copas, pero tal vez sí para promover pibes, habida cuenta de lo pobrísimo del plantel. Si no hay plantel, en la situación grave financiera del club, casi que lo tenés que inventar. Ese camino insinuó Berón en su interinato. Inventamos o erramos, le dijo Simón Rodríguez a Bolívar hace un par de siglos atrás y en medio de una desolación parecida a la que atraviesa San Lorenzo por su incapacidad dirigencial. 
Se sube entonces este hombre al barco en medio de la borrasca, sacudiéndose, en la solapa de la camisa marrón penden las medallas de los antiguos logros, el ascenso con el penal convertido a El Porvenir, la Sudamericana y algunos sinsabores anteriores en el alma que esconde como cualquier ser humano. Con sus manos un poco más añosas, el viento, las olas escarpadas, la lluvia sobre la frente y sin otra arma que la experiencia y el amor por esa nave de color azulgrana que le dejaron averiada los que abandonaron el barco. Que sea con suerte, Gallego. Que sea con suerte.

Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor de los libros VEINTE RELATOS CUERVOS y CUARENTENA DE RELATOS CUERVOS.

La columna del hincha de San Lorenzo: Que sea con suerte, Gallego
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